Primero: qué busca la persona que llega a tu web
Quien abre la web de un restaurante casi siempre viene con prisa y desde el móvil. Quiere saber cuatro cosas, y las quiere en segundos: qué sirves, cuánto, a qué hora abres y cómo reservar o llegar. Si la web responde a eso arriba del todo, hace su trabajo. Si obliga a buscar, el cliente se va.
Por eso la prueba definitiva es sencilla: coge tu móvil, entra en tu web con los datos del móvil (no con el wifi del local) y mira si en cinco segundos sabes si está abierto y cómo reservar. Si no lo sabes tú, que la conoces, tampoco lo sabrá un desconocido.
Lo imprescindible, por orden de importancia
Si solo puedes hacer cinco cosas, que sean estas:
- Horario real y visible en la primera pantalla, con festivos, cierre semanal y vacaciones. Es la pregunta número uno y la que más llamadas absurdas provoca.
- Carta escrita en la propia página, no solo en PDF. El texto se lee bien en el móvil, se puede traducir y Google lo entiende; un PDF escaneado o una foto de la carta, no.
- Botón para llamar y botón de WhatsApp, grandes y siempre a mano. Con el mensaje ya escrito («Hola, quiero reservar mesa para el...») el cliente solo tiene que enviar.
- Dirección con mapa y cómo llegar: aparcamiento, transporte, accesibilidad para sillas de ruedas o carritos.
- Una forma de reservar clara: un formulario, un WhatsApp o un libro de reservas conectado. Lo importante es que haya una sola y que funcione.
La carta: el error más común
La carta en PDF es la reina de los errores. En el móvil obliga a hacer zoom, tarda en cargar y no se actualiza cuando cambia un precio o se acaba un plato. Y como Google no la lee bien, tampoco te ayuda a salir cuando alguien busca «paella en Seseña» o «menú del día cerca de mí».
Lo recomendable es una carta en texto, organizada por secciones (entrantes, arroces, carnes, postres), con alérgenos indicados, y con una fecha de última actualización. Si tienes menú del día, que sea lo primero que se ve y que se cambie cada día; una web con el menú de hace tres semanas da peor imagen que no tener menú.
Recuerda que la información sobre alérgenos es obligatoria en hostelería. Puedes consultar los requisitos en la web de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición, enlazada al final de esta guía.
Google Maps importa tanto como tu web
Mucha gente nunca llegará a tu web: verá tu ficha en Google Maps, mirará las fotos y las reseñas y llamará desde ahí. Por eso la web y la ficha tienen que contar lo mismo: mismo horario, mismo teléfono, misma dirección y la misma carta. Si en Maps pone que abres a las 13:00 y en la web a las 12:30, generas llamadas, enfados y reseñas negativas.
Dedícale una tarde a la ficha: fotos recientes del local y los platos, categoría principal bien elegida, enlace a la web y a la carta, y respuesta a todas las reseñas, también a las malas y con educación. Lo explicamos paso a paso en nuestra guía sobre cómo salir primero en Google Maps.
Reservas: que no te cuesten una comisión por cada comensal
Hay plataformas de reservas que cobran por cada comensal que te traen o una cuota mensual. Pueden compensar si te llenan mesas que no tendrías, pero conviene saber cuánto te cuestan al mes antes de depender de ellas. La alternativa es tener las reservas en tu propia web, conectadas a tu libro de reservas, de modo que el cliente que ya te conoce no pase por intermediarios.
Pero ojo: una reserva que se hace y no se recuerda es una mesa en riesgo. Un aviso por WhatsApp el día antes, con opción de cancelar o cambiar la hora, reduce los plantones y te permite ofrecer el hueco a otra persona. Si tu problema es el teléfono que no puedes coger en pleno servicio, tienes la guía para dejar de perder reservas por WhatsApp.
Lo que no hace falta (al menos al principio)
Muchos restaurantes gastan tiempo en cosas que no llenan mesas:
- Animaciones, vídeos de fondo pesados y pantallas de entrada: ralentizan la web en el móvil y aportan poco.
- Una tienda online, si no vas a enviar productos. Si vendes cestas o vales regalo, se puede añadir después.
- Un blog con diez artículos genéricos. Es mejor una página bien hecha que un blog abandonado.
- Banners de cookies enormes que tapan la carta. Cumple la normativa, pero que el aviso no estorbe a quien viene a mirar el menú.
Fotos: pocas, tuyas y buenas
Las fotos de stock se notan y generan desconfianza. Es preferible un puñado de fotos propias, bien iluminadas, del local, de los platos más pedidos y del equipo. Con el móvil y luz natural se consigue un resultado razonable. Comprime las imágenes antes de subirlas: una foto de 6 MB hace que tu web tarde en abrirse con datos móviles, y quien espera más de unos segundos se va.
Por dónde empezar esta semana
Un plan realista para un bar o restaurante pequeño:
- Revisa que horario, teléfono y dirección sean idénticos en la web, en Google Maps y en tus redes.
- Convierte la carta en texto en la web (aunque mantengas el PDF como descarga) e indica los alérgenos.
- Pon el botón de WhatsApp y el de llamar visibles sin tener que bajar la página.
- Haz la prueba de los cinco segundos con el móvil, con datos móviles.
- Decide cómo se reserva y apúntalo siempre en el mismo sitio.
Fuente oficial: AESAN: información sobre alérgenos en alimentos no envasados (hostelería).
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